dimarts, 27 d’abril del 2010

Entrada chunga que no veas

Esta entradita será de esas que escribe la gente con intención de dar a conocer a su corazón, mostrar su interior, u otras chorradas interesantes que suele escribir la gente, por lo menos son menos patéticas que las mías jajaja:

La gran estrella blanca se sumergía en un brumoso mar gris de cumulonimbus en el zenit nocturno. Ladeó su cabeza hacia todas direcciones y sufrió un escalofrío. Comenzó a entender que en el océano de la vida no era más que aquella mota en un momento, espacio y dimensión concretos. Una migaja que se debatía entre la vida y la muerte constantemente, una chispa que se podia desvanecer en cualquier momento. Sin embargo esto le hizo sentir mejor el viento, el frío rocío nocturno, la luz artificiosa de postes de luz y invenciones arquitectónicas humanas, todo lo que había, estaba, y sin embargo nunca había estado. Fluctuando entre las corrientes de la naturaleza sintió una llamada, algo misterioso, lóbrego, oscuro, que le insinuaba a acercarse, a cruzar el portal. Pero nunca daba la cara y era ahuyentada rápidamente por el sentido común.
El lejano rumor de un nuevo amanecer le hizo dar un respingo, y levantarse súbitamente. Corrió unas yardas hasta que no pudo más, se tumbó en medio del triste asfalto nocturno y volvió a mirar a la luna, esta seguía meciéndose en el cosmos, viendo sin querer todo el devenir de su vecina. El chico vió una luz perturbadora que jamás borraría de su mente. Estaba más vivo que nunca, y eso provocó sentimientos contradictorios, de soledad absoluta, de descubrir un nuevo mundo en su interior, de decir adiós a su infancia, su eterna juventud, que jamás debió de irse o jamás debió existir. La muerte no era ahora un tema de importancia, cobraba sentido, de hecho, demasiado. Renqueante, el chaval volvió a su antiguamente confortable cama, ahora transformada en una fortaleza insuficiente, refugio de los sueños, la luz se filtraba por la persiana. Despidiéndose para siempre de su corazón puro, se durmió, despojado de su valor más preciado: el engaño.

Los días pasaban de una manera diferente, el chico había muerto y había renacido, en algo terrible y sugerente, una verdad odiosa, la vida, el peor de los crímenes cometidos en la galaxia, aunque quizás fuere una bendición.

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